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lunes, 16 de abril de 2018

JAIME DÁVALOS Y EDUARDO FALÚ - ZAMBA DE UN TRISTE

Era yo, por ese entonces, director del Museo Colonial de Salta, cargo que era una canonjía, pues uno se la pasaba rascándose y con propensión progresiva a convertirse en pieza de museo. Gracias a la gestión de mi amigo el poeta Julio Díaz Villalba ocupaba yo ese puesto en el Cabildo, entre reliquias de nuestro joven pasado y aquellos muros con que la tierra de Salta nos cobijaba en un abrazo de adobe.
Eduardo Falú me visitaba de vez en cuando y recordando nuestra Canducha famosa ya, aprovechábamos el auspicio claustral de aquellos muros históricos para despicar el gallo, o lo que el lo mismo, tomarnos unos tragos y esperar a que las musas nos asistan, invocándolas y hasta tentándolas con algunos preludios.
Cuando nos ambientábamos, o sea cuando entrábamos en temperatura -¡y ojo los mojigatos!-, he dicho temperatura y no incendio, perturbábamos la paz gloriosa de nuestros manes patrios cantando a dúo, para templar, las viejas canciones del terruño: "López Pereyra", "La cuartelera", "Blanco y azul"...
En una de esas noches nació el aire de la "Zamba de un triste", cantando la angustia que se siente cuando va muriendo el sol y nuestro amor está ausente. Cuando vuelan las palomas por el cielo atardecido y al arrullarse en el monte, regresan buscando el nido. ¡Ay soledad de la carne del alma, cuando sin fin el paisaje se desangra, con el canto del crespín!
Correcciones y pruebas, oírnosla, a ver cómo sonaban las palabras, si las sílabas se articulaban con fluidez al cantarlas. Después de algunos ensayos en soledad, y cuando nos creíamos seguros... salimos al balcón del Cabildo y proclamamos el nacimiento de nuestra canción a los amigos poetas y pintores, que a esa hora -ocho de la noche- paseaban su solemnidad prócer por la retreta, la vuelta de perro o como se llame esa exposición colectiva pedestre de ejemplares provincianos.
¿Subieron todos, cinco o siete?, no sé. Todos con anticipada circunspección por el papel de jueces que le habíamos conferido. Se sentaron a diestra y siniestra en sendas sillas coloniales y con objetiva impavidez de antepasados, nos escucharon cantar sin que se les moviera un músculo. Cuando terminamos, con el infantil anhelo de oír un juicio cualquiera, los miramos, interrogantes... nada. La actitud mural parecía una consigna... "Nihil profeta en terra sua" pensé para mis adentros... consolándome y consolándolo a Eduardo que también hubiera deseado una opinión. Sólo uno de ellos rompió el silencio con una interrogación acusatoria:
-¿Así que ahora hacéis zambitas?... - y pensé sin decirlo para no entrar en ociosas discusiones, que lo que acabábamos de crear con mi amigo era algo que rompía la cáscara de una circunstancia pequeña, placera, provinciana... y que nuestro auditorio no estaba ahí, sino en los miles de oídos populares que recibirían sin prevención nuestro mensaje.
JAIME DAVALOS




martes, 3 de enero de 2017

LOS FRONTERIZOS, EDUARDO FALÚ Y ARIEL RAMÍREZ - EL PARANA EN UNA ZAMBA

Ariel Ramírez, nacido en la litoreña Santa Fe, ya cantó a este imponente río en su canción del litoral "Agua y sol del Paraná", que se puede encontrar en esta misma colección de reliquias. 

Pero en esta ocasión quiso usar la belleza de la zamba norteña unida al verbo lírico de Jaime Dávalos, como para dotar de mayor majestuosidad a su canto. El poeta salteño trata de encauzar esa fuerza de la naturaleza que es el Paraná, en unos versos endecasílabos muy logrados, que tienen toda la ampulosidad y esplendor que requiere el tema. 

Desde el norte frutal vinieron para cantar esta zamba LOS FRONTERIZOS con César Isella quienes acompañados por la guitarra de EDUARDO FALÚ y el piano de ARIEL RAMÍREZ realizaron una versión inolvidable, hace ya casi cuarenta años de esta EL PARANÁ EN UNA ZAMBA

Para los coleccionistas del mejor folklore, el tema pertenece al primero de los dos discos, que apareció en el mercado discográfico con el nombre de "Coronación del Folklore" y que fue muy bien reeditado en disco compacto posteriormente y la actuación a la apoteósica actuación conjunta en el Teatro Colón en 1993, de Ariel Ramírez, Eduardo Falú y Los Fronterizos que volvieron después de sus disputas legales, a reunirse para la ocasión... ¡¡¡¡Casi nada!!!!




LAS VOCES DE GERARDO LOPEZ, EDUARDO FALU Y ARIEL RAMIREZ - AGUA Y SOL DEL PARANA

El río Paraná es uno de los más importantes de Argentina. Atraviesa varias provincias y forma junto al río Uruguay la denominada Mesopotamia Argentina. El chamamé es la música característica de esta región y en "Agua y Sol del Paraná" se describe con gran maestría la vida de la gente litoraleña. 

Si tuviésemos que elegir una canción que represente al Litoral y su gente, seguramente nos inclinaríamos por “Agua y Sol del Paraná”, agregaríamos que el compositor, Ariel Ramírez, la puso en el pentagrama allá por comienzo del 50. Pocos saben que el autor de su letra, Miguel Brascó, es un personaje que vimos habitualmente, hasta su fallecimiento en 2014, en programas relacionados con la historia y elección de vinos, sibarita de tiradores, abdomen abundante y derroche de bonhomía. 

El maestro Ariel Ramírez, se hizo popular en todo el mundo con su Misa Criolla de la que se han vendido ya varios millones de discos. Nacido en Santa Fe, capital de la provincia argentina del mismo nombre, no es raro que haya dedicado varias composiciones a ese imponente fenoméno de la naturaleza que es el río Paraná. En la antología de la zamba necesariamente tiene que estar incluída su obra "El Paraná en una zamba", a la que puso letra el salteño Jaime Dávalos. Aquí, en AGUA Y SOL DEL PARANÁ es Miguel Brascó quien narra muy poéticamente la tarea de remontar este grandioso río contra corriente, en una calurosa tarde oriental. Si excelente es la versión del propio autor, con Eduardo Falú y Los Fronterizos grabada en 1962, en el disco "Coronación del Folklore" y también lo es la de Los Chalchaleros, aunque no incluya el texto completo compuesto por Brascó hace casi cuarenta años, no menos es esta que incluimos aquí y en la que se repiten algunos personajes de la primera como ARIEL RAMIREZ, EDUARDO FALÚ y Gerardo López, capitaneando, tras la separación del grupo genuino, a uno de los dos grupos fronterizos que existían en ese momento y que tras un litigio judicial Gerardo López tuvo que cambiar el nombre a su cuarteto sustituyéndolo por "LAS VOCES DE GERARDO LOPEZ", pues Juan Carlos Moreno obtuvo la propiedad del nombre "Los Fronterizos". Integraban este grupo él mismo, Yayo Quesada, Omar Jara y Rodolfo Escandell.


sábado, 31 de diciembre de 2016

EDUARDO FALÚ - TIEMPO PARA PARTIR

Albérico Mansilla es autor de destacadas canciones de la cultura litoraleña. Tras habernos dejado en estos días a los 91 años y tras dos sin escribir ya, por decisión propia, ya no escribe, pero sus obras están plasmadas en un libro y en el cancionero popular argentino. 

Afuera ya sopla el viento serrano. Camino en silencio. Quiere que recordemos sus versos de "Tiempo de partir" para que lo recuerde. “Quiero quedarme, aún, cuando me vaya,/ en la memoria de quienes me han querido”. 

Quizás el mejor homenaje póstumo que podamos ofrecer tanto a don EDUARDO FALÚ como a don Albérico sea el de recordar los versos llenos de lucidez sapiencial que el poeta escribiera para esta milonga a la que pusiera música Falú, TIEMPO PARA PARTIR, allá por 1978, y que el músico habría de inmortalizar con su voz profundísima y sus taciturnos arpegios de vigüela.


EDUARDO FALÚ - LLANTO POR EL CHACHO

León Benarós es un autor cuyano, nacido en la provincia argentina de San Luis. Durante su vida ha alternado las oficios de abogado, poeta, crítico literario y folklorista. Parte de su poesía la ha dedicado a rescatar los hechos históricos del pasado argentino, y pocos personajes son tan agradecidos para un escritor como Angel Vicente Peñaloza, ese caudillo riojano al que pudieron derrotar en la batalla, pero cuyas ideas aún perduran en la memoria del pueblo. Así se expresaba el general Peñaloza poco antes de morir, en una carta dirigida al presidente argentino Mitre: 

"Los pueblos, cansados de una dominación despótica y arbitraria, se han propuesto hacerse justicia; y los hombres todos no teniendo más ya que perder que la existencia, quieren sacrificarla en el campo de batalla, defendiendo sus libertades, sus leyes y sus más caros intereses, atropellados vilmente por los perjuros". 

Ese era el Chacho Peñaloza, a quien EDUARDO FALÚ le compuso LLANTO POR EL CHACHO, esta bella chaya, que es un ritmo típicamente riojano muy apropiado para este hermoso poema. 

El Chacho ha sido uno de los caudillos más prestigiosos que haya tenido la República Argentina. Aquel prodigio asombroso que lo hacía reunir diez mil hombres que lo rodeaban sin preguntarle jamás dónde los llevaba ni contra quién, había hecho del Chacho una personalidad temible, que mantenía en pie a todo el poder de la nación, por años enteros, sin que lograra quebrar su influencia ni acobardar al valiente caudillo. A su llamado, las provincias del interior se ponían de pie como un solo hombre, y sin moverse de su puesto, tenía a los seis u ocho días 2, 4 ó 6 mil hombres de pelea, dispuestos a obedecer su voluntad fuera cual fuese. Los paisanos de La Rioja, de Catamarca, de Santiago y de Mendoza mismo lo rodeaban con verdadera adoración, y los mismos hombres de cierta importancia e inteligencia lo acompañaban ayudándolo en todas sus empresas difíciles y escabrosas. El Chacho no tenía elementos de dinero ni para mantener en pie de guerra una compañía. Y sin embargo él levantaba ejércitos poderosos, mal armados y peor comidos, que sólo se preocupaban de contentar a aquel hombre extraordinario. El Chacho no tenía artillería, pero sus soldados la fabricaban con cañones de cuero y madera, que se servían con piedra en vez de metralla, pero piedra que hacía estragos bárbaros entre las tropas que lo perseguían. No tenía lanzas, pero aunque fuera con clavos atados en el extremo de un palo, sus soldados las improvisaban y se creían invencibles. El que no tenía sable lo suplía con un tronco de algarrobo convertido en sus manos en terrible mazo de armas, y si faltaba el alimento comían algarrobo y era lo mismo. De esta manera el Chacho tenía en pie un ejército con el que hacía la guerra al Gobierno Nacional, sin que hubiera ejemplo de que se le desertase un solo soldado, porque todos sus soldados eran voluntarios y partidarios de Peñaloza hasta el fanatismo. El Chacho era valiente sobre toda exageración. Era un Juan Moreira, en otro campo de acción, con otros medios y otras inclinaciones. Generoso y bueno, no quería nada para sí: todo era para su tropa y para los amigos que lo acompañaban. Para éstos no tenía nada reservado, ni su puñal de engastadura de oro, única prenda que llevaba consigo y que, en mejores tiempos, le regalara su amigo el general Urquiza. Este puñal tenía una inscripción en su puño que le había hecho grabar el mismo Chacho, y que decía así: 
"El que desgraciado nace. Entre los remedios muere." 
Rara inscripción que se presta a tantas interpretaciones y que prueba el horror que tenía Peñaloza a la ciencia médica. Este solo bien de fortuna que poseía el Chacho, era la especie de varita de virtud que lo sacaba de apuros, en sus trances más amargos. 

Cuando algún amigo, que para él lo eran todos sus oficiales y soldados, acudía al Chacho en demanda de dinero para salvar un compromiso, éste en el momento sacaba su puñal y lo entregaba para remediar el mal. -Si la necesidad es grande -decía con su acento bondadoso-, vaya, empeñe esa prenda por cincuenta o cien pesos, que ya habrá tiempo para sacarla. El feliz poseedor de la prenda acudía con ella a la casa de negocio más fuerte y solicitaba los cincuenta o cien pesos que necesitaba sobre el puñal del Chacho, que todos conocían. ¿Quién iba a negar el dinero, cuando era Peñaloza quien lo pedía sobre su puñal? El comerciante entregaba su dinero y la alhaja, que volvía a poder de su dueño. 

Su corazón, rico de sentimientos generosos, no conocía el rencor ni la pasión cobarde de la venganza. Era tan grande y magnánimo con su peor enemigo, como con sus más leales amigos. Así el oficial o el soldado que cayó prisionero entre las fuerzas del Chacho, fue obsequiado como el mejor de sus partidarios. En todo el largo tiempo que hizo la guerra al gobierno Nacional, ni uno solo de los prisioneros tomados por el Chacho pudo quejarse del menor mal trato ni de la más leve crueldad. Herido o enfermo, era asistido por sus partidarios, y una vez restablecido, entregado a las fuerzas nacionales sin que le faltara un solo botón de la ropa. En el campamento era el mejor compañero de sus tropas, al extremo de jugar con todos ellos y conversar larguísimas horas alrededor del fogón. Si llegaba un día en que los soldados no habían comido, pudiendo él hacerlo, porque no faltaba quien le regalara un pedazo de charque o de patay, no probaba bocado, porque no era justo, decía, que el jefe se hartara mientras los soldados morían de hambre. Único juez entre los suyos, él se daba maña para arreglar todas las cuestiones, de manera que las partes quedaran igualmente contentas y sin resentimientos de ninguna especie. Cuando el Chacho tenía, todos tenían, pues su lujo era partir entre todos cuanto tenía a la mano. El Chacho era un hombre de una salud de bronce y de una naturaleza especial para resistir la fatiga inmensa de aquellas marchas prodigiosas, que dejaban asombrados y a treinta leguas de distancia a sus más tenaces perseguidores. 

La esposa del Chacho venía con frecuencia al campamento y al combate, a partir con su marido y sus tropas los peligros y las vicisitudes. Entonces el entusiasmo de aquella buena gente llegaba a su último límite y sólo pensaban en protestar a la Chacha, como la llamaban, su lealtad hasta la muerte. Cuando llegaba la hora de pelear, el Chacho era el primero que entraba al combate y el último que se retiraba, si eran derrotados. Antes de entrar en batalla, el Chacho daba siempre a sus tropas un punto de reunión, para el caso en que tuviera que dispersarlas. Y así se veía que el Chacho, derrotado hoy con 2.000 hombres, reaparecía tres o cuatro días después con un ejército de 3.000. El Chacho no tuvo jamás una palabra dura para sus subordinados, y cuando alguno cometía alguna falta grave se contentaba con expulsarlo de su lado, prohibiendo terminantemente que formara parte de su ejército. Manso y complaciente, accedía con la mayor facilidad a cualquier insinuación que se le hacía y que él creía sana. Cuando él la creía mala o veía que lo que se le pedía podría perjudicar a su causa, la rechazaba redondamente, y una vez que el Chacho decía no era inútil insistir. 

El Chacho combatía por el pueblo, por sus libertades y por los derechos que creía conculcados. Para sí no quería nada ni pidió nada jamás, en tiempo en que, por hacer con él la paz, el Gobierno le hubiera dado cuanto hubiera pedido. De aquí dimanaba principalmente el gran prestigio de que gozaba el Chacho y la cantidad de hombres que lo rodeaban. Porque él había encarnado en él mismo la causa del pueblo, y cada hombre de los suyos sabía que peleaba por su propia felicidad y en su propio provecho. El Chacho era un hombre alto y musculoso, de una fuerza de Hércules y de una contextura de acero. Su mirada suavísima y bondadosa solía irradiar a veces destellos de cólera que hacían temblar a los que estaban a su lado. Esto era cuando llegaba a sus oídos la noticia de alguna cobardía o uno de los tantos fusilamientos que de chachistas hacían las fuerzas nacionales. Peñaloza se mostraba entonces en todo el esplendor de su nobleza, y como una venganza terrible, mandaba redoblar sus atenciones para con los prisioneros. Las injusticias del Gobierno lo habían irritado, porque ningún gobierno debía ser cruel e injusto; luego las iniquidades cometidas con los paisanos por la autoridad de los pueblos habían conmovido su corazón hidalgo y había derrocado al gobierno que creía malo. 

Pero el Chacho tenía la debilidad de escuchar las opiniones de los amigos que creía ilustrados, y prestar su apoyo, para suceder a un gobierno derrocado, muchas veces a un hombre más indigno que el que derrocó. Así los aspirantes a gobernador y los negociantes de la política mantenían relación íntima con el Chacho para servirse de él, llegado el caso, sorprendiendo su buena fe y engañándolo en cuanto les era posible. Sumamente astuto, aunque inocente en los enredos políticos, se dejaba engañar hasta cierto punto, haciendo a un lado al pretendiente una vez que lo había calado. 

Triunfando el Chacho, triunfaba la buena causa, la causa del pueblo, y entonces el Chacho pedía una contribución en dinero para repartirlo entre sus soldados, que andaban siempre careciendo de aquello más necesario. En el ejército del Chacho no había más ordenanzas militares que la palabra de éste, ni más ley obligatoria que el empeño que cada cual tenía en servirlo y morir por él si era necesario. El Chacho detestaba el sacrificio estéril de sus tropas, no aceptando un combate sino cuando creía estar seguro del éxito, ni se empeñaba mucho en la batalla de éxito dudoso, para conservar enteros sus elementos. Con una seguridad asombrosa y una rapidez notable, el Chacho calculaba cuál debía ser el fin del combate que sostenía, y si lo creía nulo, desbandaba su ejército en todas direcciones para evitar la persecución. Por eso es que el Chacho antes de entrar en pelea daba a sus tropas el punto de reunión para un día fijo, encontrándolos reunidos cuando llegaba al punto indicado, y aumentando, con los amigos que se plegaban, a los derrotados. Y ésta era la causa de que, derrotado el Chacho, se le viera en seguida con mayor número de gauchos y mayores elementos. 

Conocedor del terreno en que operaba, como cualquiera puede conocer su aposento, el Chacho hacía marchas tan asombrosas y rápidas que muchas veces el ejército que creía irlo persiguiendo lo sentía a su espalda picándole la retaguardia y tomándole todos los rezagados que iba dejando en la marcha. Es que, mientras el Chacho disponía de los mejores rastreadores y de toda la gente de algún valor en los ejércitos, el jefe que lo perseguía marchaba a ciegas la mayor parte del tiempo sin encontrar quien quisiera darle el menor informe, aun bajo la mayor amenaza. 

Un dato perjudicial al Chacho, un informe que pudiera ocasionar una sorpresa era un crimen que no había paisano capaz de cometer ni por todo el oro del mundo ni por todas las torturas conocidas. Esto había causado más de una vez el fusilamiento de algún paisano que se había resistido a dar los informes pedidos, o el martirio de algún prisionero por la misma causa. Pero esto producía un efecto contrario al que se buscaba, pues con este proceder los paisanos huían del ejército regular como de la calamidad más espantosa. Cada vez que el Chacho tenía conocimiento de algún hecho de éstos, su indignación no conocía límites. -¡Y ése es el ejército civilizado que nos persigue como a horda de salvajes! -exclamaba conmovido-, ¡y degüella nuestros leales y azota nuestras mujeres! ¡Y ésos son los valientes que vienen a enseñarnos el goce de la ley bajo las banderas del gobierno!


EDUARDO FALÚ - LAS GOLONDRINAS

Borges señalaba que la manzana tiene la cualidad del sabor, sin embargo éste sólo se manifiesta con el contacto del paladar de quién la saborea, el mundo está ahí y Jaime Dávalos y Eduardo Falú, le agregan, su sabor inmortal. A cuántos años de recuerdos, están condenados Falú y Dávalos, cuánto han cambiado el mundo, cada una de sus creaciones; cuánta libertad siente el preso cada vez que silba las golondrinas, tal vez sea su única manera de echar a volar su alma. ¿Qué habrá sentido el exiliado, al escuchar en Europa, México o cualquier remoto país, la voz de Eduardo Falú, recorriendo los versos alados de Las Golondrinas? 

Según el poeta Ramón Navarro: 
Eduardo Falú y Jaime Dávalos son como el cántaro y el agua, como la copla y la baguala, inseparables, inherentes, esenciales. Dávalos debe venir no más del ronco tambor de la luna y Falú, del profundo aljibe sonoro, alborotador de sosiegos, que heredó su guitarra del árbol más celeste y recóndito, donde posan las errantes golondrinas volviendo desde el fondo de la vida, cruzando el mar... 

EDUARDO FALÚ, uno de los más grandes en las cuerdas argentinas, ese que supo ganarse a todo un país con los acordes virtuosos de su guitarra y que sembró los arpegios de esa guitarra, nos deja esta grabación de LAS GOLONDRINAS.


EDUARDO FALÚ - CANTO AL SUEÑO AMERICANO

¡Que espléndidas la voz y la guitarra de EDUARDO FALÚ cantándonos este tema de concordia y unión americana! Y, ¿por qué no ha de ser considerado el tema como profético, cuando países tan distintos y distantes- al menos en su manera de ser-, han formado la hoy llamada Unión Europea?. Desgraciadamente, hombres como Bolívar o San Martín no nacen a menudo. Abundan más los Sanchos Panzas, felices en sus pequeñas ínsulas Baratarias. Pero si la vida es sueño, ¿por qué no pueden soñar también los países americanos?. 

De todas maneras hay que recordar que cuando se compuso CANTO AL SUEÑO AMERICANO la mayoría de las repúblicas americanas eran dictaduras. Hoy casi todos los países del continente son libres y "la política es ya una canción". Ahora sólo falta que los políticos no desafinen... 

En este tema se ofrecen, frente al desprestigio de cierta clase política reaccionaria y corrupta, los versos de Jaime Dávalos que dicen: “El día que los pueblos sean libres/ la política será una canción”. No cabe duda pues que la suerte de paráfrasis del poeta salteño correspondió a un homenaje tributado al poeta zamorano León Felipe, verdadero autor de la expresión. Figura ella en la composición “Habla el prólogo” que antecede a su celebrada traducción de “Canto a mí mismo” de Walt Whitman, obra con un epílogo de Guillermo de Torre. El verso de factura libre de referencia augura: “Un día, cuando el hombre sea libre, la política será una canción”. 

Esta interpretación es parte del Concierto de Eduardo Falú en el imponente marco de El Real Alcázar de Sevilla en 1984 retransmitido por Radio Televisión Española.



sábado, 17 de diciembre de 2016

243.- EDUARDO FALÚ - CANCIÓN DEL JANGADERO

Sobre el río Paraná, se pueden encontrar los jangaderos, así llamados por transportar inmensos troncos, río abajo, en sus balsas o jangadas. 

El salteño Jaime Dávalos, autor de la canción, nos lo cuenta así: 
"Tenía yo diecinueve años cuando vi por vez primera el río Paraná. Vine al sur en un tren de carga con tres changos más... Nos bajamos del carguero en Campana, y fuimos a pedir comida al puerto porque de tanto tomar mate cocido veíamos verde hasta las salinas. El río nos manifestó su generosidad en aquellos marineros de remolcador que nos agasajaron con todo lo que tenían. El río color puma, pasaba relamiéndose los cascos de las balsas y canoas, mientras mis ojos rajados de ver país adentro sus desolaciones resecas, también lo lamían, lo acariciaban enmelándose en la untuosa luz de su movediza pradera de aguas. Ahí debe haber nacido esta canción: nació en mi sangre como un diálogo mudo con el río". 

Y ¡qué bella es esa imagen del árbol caído que es como una sombra derrumbada, buscando un nuevo horizonte en la lontananza del río! 

 “El poema es hermoso. El jangadero es quien lleva la jangada, los troncos de los árboles que van siendo llevados río abajo, hacia los aserraderos, hacia el lugar donde será procesada la madera, en fin hacia su destino. El jangadero es un oficio en desuso, el río fue sustituido por rutas y camiones, pero sigue siendo un oficio muy poético. 

La canción es un poema al trabajo y a la imponencia de las aguas del río Paraná. El poeta es Jaime Dávalos, uno de los más grandes poetas de la canción argentina. El hizo la música y también la letra. Siendo salteño, evidentemente estaba seducido por la magnificencia de ese río que describe tan bien. Soy de Tucumán, un lugar de montaña y de muchos ríos, pero en el noroeste no tenemos aquellos ríos del litoral. 

En una parte habla del viaje del jangadero por el río. “Banda, banda, sol y luna, cielo y agua, espejismo que no acaba de pasar, piel de barro, fabulosa lampalagua, me devora la pasión de navegar”. La lampalagua es la víbora más grande de la región. Puede medir cinco, seis y hasta siete metros. Dávalos usa esa figura para describir al río, una “fabulosa lampalagua.” 

 La canción tiene el misterio de ser mucho más que la suma de una música y una letra, una buena canción siempre es mucho más que eso. Es misterioso. Una excelente música y una excelente letra no dan como resultado una buena canción. Y ésta es una de esas canciones que han nacido para quedarse. 
 (Juan Falú) 

Rescatada de Radio Televisión Española, les dejo esta versión, una de las mejores que pueden verse de CANCION DEL JANGADERO, la del compañero artístico de casi toda una vida del autor: EDUARDO FALÚ.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

219.- EDUARDO FALU, ARIEL RAMIREZ Y LOS FRONTERIZOS - TONADA DEL VIEJO AMOR

“Una tarde -contaba EDUARDO FALU- voy a visitar a Jaime Dávalos a su departamento - en Caballito -, y mientras tomábamos unos mates empecé a preludiar en la guitarra la melodía, a él le gustó mucho, la comenzamos a silbar... y enseguida salió milagrosamente el tema. A la nochecita nos servimos unos vinitos, y ahí se puso a arreglar la letra hasta que salió redonda. Después no más hubo correcciones, en ese momento Jaime estaba muy inspirado...” 

A finales de 1999, ARIEL RAMIREZ volvió a juntar después de muchos años en el Chateau Carrera de Cordoba, a la mejor formación de LOS FRONTERIZOS, la compuesta por Eduardo Madeo, Juan Carlos Moreno, Gerardo López y César Isella que junto al maestro y al autor de su música interpretaron esta maravillosa TONADA DEL VIEJO AMOR en una multitudinaria actuación. A ese momento pertenece esta grabación que aquí les dejo.



jueves, 8 de diciembre de 2016

122.- EDUARDO FALÚ - VIDALITA

Eduardo Falú interpretando su versión de la "Vidalita". 
La transmisión de esta joya fue realizada por el Canal de Radio y Televisión Española. 
Espero que la disfruten.





121.- EDUARDO FALU - TRAGO DE SOMBRA

Nuevamente el tema de la ausencia, esta vez no tanto del pago o lugar de nacimiento, como del ser querido que hemos dejado. Atahualpa Yupanqui, que era un viajero impenitente, llegó a la sabia conclusión de que "toda la vida es ausencia". ¿Y que ausencia puede ser más dolorosa para el poeta que la de la mujer amada? Jaime Dávalos nos resume en dos versos muy logrados esta percepción que tiene el viajero de la ausencia: "en la distancia comprendo/ no tiene sentido la vida sin vos". Y el remedio para este mal de mar es muy sugestivo: beber en sus ojos dos tragos de sombra de su corazón. Receta que conocen todos los enamorados, porque son los ojos de la mujer los que nos embrujan con el mágico elixir del amor. 
Musicalmente, hay que reconocer que la melodía grave de esta zamba se adapta perfectamente a la tesitura vocal de su autor, EDUARDO FALU, cuya voz entre barítono y bajo logró aquí una de sus mejores creaciones, interpretando este lindo tema de amor, la zamba "TRAGO DE SOMBRA".


120.- EDUARDO FALÚ - LA CATAMARQUEÑA

Los historiadores textiles siempre han afirmado que la actividad que se realiza en Catamarca del tejido de vicuña es única en el mundo y en cambio no se le da el valor que merece las hilanderas y tejedoras nativas.

Ellas son muy elogiadas por sus trabajos, y cuando muestran todo el proceso y el tiempo que lleva una confección y la pasión que cada una le pone a esto, ciertamente, es digno de admiración. La vicuña catamarqueña es única. Otros también tienen vicuñas, pero la fibra es un poco mas áspera, no es tan fina y es de color más oscuro.

En los días que corren, ellas siguen trabajando y hay que recordar que la Fiesta del Poncho se debe, en su mayoría, a las artesanas de Belén, siendo las responsables de dar continuidad a esta artesanía”.

"LA CATAMARQUEÑA", también llamada La Chujchala, no es una zamba cualquiera, es un "zambón"; tiene una letra maravillosa, de las mejores y una gran música y aunque siempre es relacionado, en las creaciones musicales, al poeta Jaime Dávalos, Eduardo Falú, puso la música a las letras de otros muchos poetas, como lo es en esta ocasión a la de Manuel J. Castilla, otro de los grandes. 





domingo, 4 de diciembre de 2016

72.- LOS FRONTERIZOS, EDUARDO FALU Y ARIEL RAMIREZ - TONADA DEL VIEJO AMOR

No por conocido resulta menos bello este tema surgido de la mutua colaboración entre el poeta Jaime Dávalos y su paisano salteño, el maestro Eduardo Falú. TONADA DEL VIEJO AMOR es una lírica evocación romántica con sabor a litoral, cuajada de nostalgia e incluso esperanza y en la que el mar aparece como solitario testigo. Algunas imágenes poseen una gran belleza literaria: "herida la de tu boca/ que lastima sin dolor" o "tu pelo suelto en el viento/ como un torrente de trigo y luz".
En 1993, con ocasión de la celebración de las bodas de oro como músico de ARIEL RAMIREZ, EDUARDO FALU y de LOS FRONTERIZOS (Isella, López, Moreno y Madeo), acompañados por el piano del homenajeado maestro, volvieron a cantar juntos este hermoso tema en tiempo de zamba, con la misma maestría con que lo habían hecho treinta años antes, en el primer volumen del álbum "Coronación del Folklore". Y en 1965, el mítico grupo la había cantado en la película "Cosquín, amor y folklore". Aunque, desgraciadamente el realizador de la película sólo incluyó la primera estrofa, que es la que aparece en este vídeo.




65.- LOS CHALCHALEROS, EDUARDO FALU Y ARIEL RAMIREZ - ZAMBA DE MI ESPERANZA

Grabación de ZAMBA DE MI ESPERANZA,interpretada por LOS CHALCHALEROS, junto a EDUARDO FALÚ y ARIEL RAMIREZ, realizada en el Festival de Cosquín en la década de los noventa.
Si se tuviera que explicar a alguien qué es una zamba, nada mejor que recurrir a ésta bella composición de Don Luis Morales, en cualquiera de sus versiones, pero muy especialmente en cualquiera de las grabadas por Los Chalchaleros; pues esta zamba es una especie de compendio de los ideales argentinos o por lo menos de los del Noroeste del país.
Ya contaba una vez Atahualpa Yupanqui a Julio Marbiz que "el paisano argentino atesora en su corazón una cosa, a veces lejana y otras veces medio cerca, que es la esperanza". Y esperanza tenía uno de los mejores intérpretes de esta zamba, el gaucho Jorge Cafrune quien con su poncho y su guitarra iba galopando en su caballo, por lo que los paisanos llamaban antes "un camino carretero", hasta que un automóvil puso fin a su vida, atropellando a montura y jinete, como para expresar que éstos ya no son buenos tiempos para los gauchos. Y los versos de Luis Morales fueron proféticos: la esperanza, amanecida como un querer, muere a veces sin florecer.


64.- LOS CHALCHALEROS, EDUARDO FALÚ Y ARIEL RAMÍREZ - A QUE VOLVER

A QUE VOLVER es una zamba muy popular, cuya música compuso el virtuoso de la guitarra, Eduardo Falú, nacido en la localidad salteña de El Galpón y cuya letra escribió la cantautora tucumana Marta Mendicute, evocando sus estancias veraniegas en el Norte. 

El pueblo jujeño de Tilcara está abrazado por dos ríos: el Grande, que recorre la Quebrada de Humahuaca de norte a sur, y el Huasamayo, que vierte sus aguas en el Grande de este a oeste. Ambos cursos están casi completamente secos la mayor parte del año. Los Chalchaleros, que ya habían cambiado en la canción anterior el velo de Angélica por el pelo -cosa poéticamente aceptable- en este caso, cambiaron el final del estribillo primero involuntaria y luego deliberadamente. Decían "para que muera tu ausencia" y así lo hemos cantado muchos. Esto cambiaba el sentido de la canción, porque la ausencia muere con la presencia del ser querido. 

Y lo que la Mendicute quería decir era otra cosa: "Para que duela tu ausencia... ¿a qué volver?". Que conste que todo esto lo ha reconocido el propio fundador del grupo Juan Carlos Saravia, al final de su carrera. 

Este increíble video, aportado por Sergio Daniel Vallejo, es el montaje de un ensayo y una actuación en directo en el Auditorio Atahualpa Yupanqui, durante el Festival de Cosquín de 1981, que reunió al maestro ARIEL RAMIREZ, junto a EDUARDO FALÚ y a LOS CHALCHALEROS. Y es, también, la primera grabación que uno ha podido ver de un jovencísimo Facundo Saravia, sustituyendo al legendario Ernesto Cabeza, que había muerto el año anterior. 

¡Ojalá, con el tiempo, fueran apareciendo joyas como ésta, que merecen ser ampliamente difundidas!



viernes, 2 de diciembre de 2016

32.- EDUARDO FALU - ZAMBA DE LA CANDELARIA

Eduardo Falú interpreta la Zamba de la Candelaria (Falú - Dávalos) para el documental Argentinísima II de Fernando Ayala y Héctor Olivera, filmado en 1973.
Se ven imágenes de "La Candelaria" y "Cachi" en la provincia de Salta, República Argentina.
De la estancia salteña llamada "La Candelaria" salieron grandes músicos como el propio Falú o Juan Carlos Moreno, la voz grave de Los Fronterizos. Y de ella nos habla el poeta Jaime Dávalos con unos hermosos versos en los que, una vez más, el cosmos toma forma humana y el cuerpo de la mujer amada se integra en el universo. Es ésta una zamba del atardecer, que es ese momento cuaresmal del día, en el que al morir el sol cual si fuera un ser humano, el universo parece más cercano que nunca del hombre. Por eso, cuando la noche madura y acepta la muerte del sol, se ha de alegrar el camino, sabedor de que amanecerá un nuevo día. Y esta zamba hay que saborearla, como un buen cognac en su copa templada, en la guitarra y en la voz de su autor, ese árabe acriollado que se llama Eduardo Falú, que vio la luz un día de 1923 en la localidad salteña de El Galpón y al que Dios lo llevó consigo desde Córdoba otro día de agosto de 2013.


31.- EDUARDO FALÚ - TONADA DEL VIEJO AMOR

Decía sobre la canción el autor de su poesía:
Siempre soñando la música, su lenguaje viejo como el mar, su lenguaje solicitando la palabra que lo contenga, he oído una y mil veces la canción que mi amigo jugaba y hacía entre las cuerdas arrancándole la luz, la visión del mar.
Yo lo veía al mar, veía también la cordillera donde la tonada valsea entre la sucesión navegable de filos azules y oleaje geológico, la lejanía...
Una nostalgia antigua de Dios me hizo juntar mar y cordillera para que al borde de la más cósmica desolación, el amor hallara sus palabras.
El amor 
es eterno y también es el instante. Su densidad es un impulso que lo proyecta de vida en vida hacia la perfección final. Y mientras Eduardo Falu ajustaba los dedos a lo que quería decir y cómo lo quería, me afanaba porque la palabra fuese la que me dictaba la música, la que me decía en bulto alucinándome el oído, demandándome este corazón que se ha de comer la tierra.


30.- EDUARDO FALU Y ALBERTO CORTEZ - POR QUE SERA QUE PARECE

Dos maestros unidos, ¿por que será que parece que es un lujo total?
Conjunción de notables. Una canción con aire de bailecito, de Buenaventura Luna, con música de Fernando Portal y Oscar Valles, sobre los antiguos molinos harineros de adobe en Jachal e Iglesias ( siglos 18 y 19), cuya molienda era impulsada por la fuerza del agua. Son testigos de un ciclo triguero que marca un hito en la rica historia de la Provincia de San Juan (Argentina).




29.- EDUARDO FALU - LLANTO POR EL CHACHO

León Benarós es un autor cuyano, nacido en la provincia argentina de San Luis. Durante su vida ha alternado las oficios de abogado, poeta, crítico literario y folklorista. Parte de su poesía la ha dedicado a rescatar los hechos históricos del pasado argentino, y pocos personajes son tan agradecidos para un escritor como Angel Vicente Peñaloza, ese caudillo riojano al que pudieron derrotar en la batalla, pero cuyas ideas aún perduran en la memoria del pueblo. Así se expresaba el general Peñaloza poco antes de morir, en una carta dirigida al presidente argentino Mitre:
"Los pueblos, cansados de una dominación despótica y arbitraria, se han propuesto hacerse justicia; y los hombres todos no teniendo más ya que perder que la existencia, quieren sacrificarla en el campo de batalla, defendiendo sus libertades, sus leyes y sus más caros intereses, atropellados vilmente por los perjuros".
Ese era el Chacho Peñaloza, a quien Eduardo Falú le compuso esta bella chaya, que es un ritmo típicamente riojano muy apropiado para este hermoso poema.
Interprete: Eduardo Falú
Programa: "Casino Philip" - Juan Carlos Mareco
Canal 13 - 1.966