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domingo, 18 de febrero de 2018

ATAHUALPA YUPANQUI - LA GOTA DE AGUA

Esta bella obra de Sor que en la edición de los 20 Estudios de Sor revisados por Segovia tiene el número 05 y en los 30 Estudios de Sor revisados por Sainz de la Maza el número 08, en realidad no es ni 05 ni 08. Su autor, Fernando Sor, la creó entre los ejercicios de su Obra Nº 35 compuesta en total por 24 ejercicios, entre los cuales “La Gota de Agua” es el número 22. Es decir: Opus 35 Nº 22 de Fernando Sor.

El nombre de “La Gota de Agua” se le atribuye por un Fa # que se repite insistentemente durante buena parte de la obra, este Fa # no solo le da unidad al discurso (como suele darlo el uso de ese recurso normalmente) sino que, dentro de la armonía de la obra, le da cierta sobriedad, algo de tristeza… Atahualpa Yupanqui lo define muy bien cuando, en el siguiente video, explica como José de San Martín, ese gran héroe de importante participación y dirección en las campañas que dieron la independencia a Argentina, Perú y Chile, cuando estudió guitarra con Fernando Sor, se trajo entre las obras asignadas por el maestro en su programa de estudios dicha pieza.

Curiosa la anécdota de Yupanqui sobre los momentos duros en los cuales sus compañeros le pedían tocar esta obra denominándola “El Arreglador” por el efecto de aliviarles el espíritu y ayudarlos, como nos ayuda la música a muchos en momentos duros. Sin más, el video de Atahualpa Yupanqui, espero lo disfruten:


jueves, 19 de octubre de 2017

ATAHUALPA YUPANQUI - DUERME NEGRITO

DUERME NEGRITO es una popular canción de cuna,​con acordes folclóricos argentinos, que fue interpretada por Atahualpa Yupanqui y posteriormente versionada por diferentes artistas, entre los que se destaca Mercedes Sosa.​

Según Yupanqui, su origen se remonta a la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia, donde se la cantaban a los niños cuando los padres se iban a trabajar a los cafetales. En vez de decirles que viene el coco o el hombre del saco les cantaban que viene el hombre blanco. De hecho, muchos adultos, en Latinoamérica, recuerdan que cuando niños se las cantaban los padres. No hace falta que les cuente más porque Atahualpa Yupanqui explica perfectamente la historia de la canción en el siguiente vídeo.

Además de éstos, otros grandes intérpretes han versionado el tema. Entre ellos, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y Víctor Jara.

Gabo Ferro nos analiza esta prodigiosa canción:

Para mí, se trata de una canción perfecta, una canción de cuna, como el acto de dar la teta hecho canción; crea un lugar íntimo, privado, casi secreto de la madre o el padre con el niño, no necesita más. Su economía de recursos impresiona: no precisa instrumentos; alcanza con la voz, cantando bajito, para crear un momento casi epifánico. A su vez, en este caso, la música tiene una rítmica mayor al propio ritmo logrado por el uso de onomatopeyas, ese “¡zas!”, esos “chiquipún-chiquipún”, recursos raros en este género, pero que le dan un anclaje preciso: es una canción que no podría venir de muchas otras partes del mundo.

La letra me alucina. Ahí están la persona que enuncia, aquella a la cual se remite y la persona a la cual se dirige la canción. La que enuncia podría existir o no; suponemos que es otra mujer que está guardando al negrito mientras la madre está ocupada trabajando, trabajando y trabajando. Sabemos que la madre está trabajando la tierra de otro para otro, sabemos que está sola, que es viuda, que está enferma y lejos. Sabemos que no le pagan, pero que de alguna forma va a traerle al niño frutas, cerdo, codornices; le va a traer manjares, regalos como una reina maga visitando a su propio santito. La situación de esta mujer que debe irse lejos de la casa para poder mantenerse y alimentar a su hijo es dramática, pero en la canción no hay espacio para la tragedia decorada sino que se mantiene siempre simple, sencilla. Y ahí reside en parte su genialidad: dentro de esa cáscara de simpleza, de su melodía sencilla y de su aparente austeridad de recursos, “Duerme, duerme, negrito” dice muchas cosas. En unos cuantos versos toca tres cuestiones que comenzaron a tratarse simultáneamente en el cruce de estos últimos dos siglos: raza, clase y género. La clase, en la pobreza de esa mujer que trabaja explotada en el campo. El género, porque son –en apariencia– dos mujeres las que se ocupan del niño. El hombre adulto queda colocado en el lugar del mal, el diablo como hombre maduro, blanco y caníbal: “Te va a comer la patita”, amenaza dulcemente quien le canta al niño. El hombre blanco comerá la patita del negro si no cae dormido. Esa capacidad para decir tanto con tan poco: ésa es la gran gema de la canción. Letra y música en consonancia con el escenario al que remite y con la historia que cuenta. Es lo que tengo como modelo, lo que me gusta laburar en mis canciones, mi deseo. Como artista sería un gil si no aspirara a escribir cosas tan bellas como ésta. No recuerdo haber escuchado la canción cuando era chiquito. Cuando empecé a aprender guitarra me enseñaron a cantar y a tocar con otras canciones, con el folklore más tradicional, con el Yupanqui de “Luna tucumana”. Creo que conocí “Duerme, duerme, negrito” cuando estaba en la escuela secundaria y fue impresionante para mí desde entonces. Pero fue después de haber escuchado y leído otras cosas, en especial después de haber estudiado Historia y de ponerme a trabajar con mis propias canciones, que empecé a pensar en ella cada vez más. Aparecía sola, sin buscarla o buscando otras canciones para crear las mías, buscando referencias, modelos a seguir o a comparar, precedentes para, en definitiva, sentirme en compañía. “Duerme, duerme, negrito” marcó un momento importante para mí como músico. Nunca le hice un trabajo sesudo, ni la convertí en un solemne objeto de estudio: simplemente la disfruto, la pienso, la canto. Me gusta pensarla y mientras más la pienso, más me gusta. Y la vuelvo a pensar ahora y me quedo colgado en detalles como el de la voz de quien la dice, en quién será o si acaso, tal vez, no haya existido nunca. Si no será, simplemente, una narración y al negrito no lo está cuidando nadie, está solo y sólo ha sido nombrado por un diminutivo amoroso que remite al color de su piel y no por su nombre propio.

El hecho de que la canción también sea anónima es hoy un gesto elocuente. En general son los nombres y no la música los que hacen y venden los discos o disponen y ponen en las radios. Darle luz al anónimo es un gesto que corresponde y tira una señal para detenerse a pensar hoy la figura del autor y la industria.

Si nunca me animé a hacer mi propia versión de “Duerme, duerme, negrito” es probablemente porque no se me ocurre que pueda aportarle nada a este tesoro: es una canción que se luce sola y no necesita divulgación. No siento que pueda ofrecerle nada hoy; tal vez cuando sea padre, pero no ahora mismo. Mientras tanto, cada vez que la escucho de nuevo y la canto para mí –yo soy mi propio negrito– se revelan frecuencias que me conmueven; temas como el lugar del hijo, la maternidad y la paternidad tocan fibras atávicas que se corresponden con la especie, con lo que fuimos y desconocemos que aún somos. Imagino que probablemente la canción de cuna pudo haber sido uno de los primeros géneros que creó el hombre cuando descubrió cantar. Tenemos registro de cuándo y dónde nació la ópera, pero no de cuándo y dónde nació la canción de cuna. Imagino a un ser humano –o hasta un homo anterior– hace miles de años cantándole a su crío para paliarle un dolor o para distraer el hambre. Pienso en cuál habrá sido el primer gesto de nuestra primera canción e imagino una melodía relacionada con la contemplación, con la belleza, la muerte, el eros; una de amor, una de guerra y una canción de cuna.




martes, 14 de febrero de 2017

ATAHUALPA YUPANQUI / LOS CARABAJAL Y MARCELO PEREA / HERNAN FIGUEROA REYES - LA HUMILDE

LA HUMILDE fue la única chacarera que compuso Cachilo Díaz, unos seis o siete años después de la muerte de su hermano Benicio Díaz, que había sido su compañero inseparable en la música. Aquella partida lo había alejado de la guitarra: dejó de componer hasta que un día volvió a levantar “el palito” –como ha contado Atahualpa Yupanqui que llamaba a su guitarra– e hizo esta pieza instrumental que se volvió muy popular. Y aunque sólo compuso su música –y suele ser grabada como tema instrumental–, fue a pedido del propio Cachilo Díaz que su amigo porteño Oscar “Cacho” Valles le escribió una letra, como ya lo había hecho para otras canciones compuestas por los Díaz. 

Además de ATAHUALPA YUPANQUI, muchos otros artistas grabaron “La humilde”: entre ellos HERNAN FIGUEROA REYES, LOS CARABAJAL y el Dúo Coplanacu. Para unos cuantos, a pesar de la letra de Valles ha seguido siendo una pieza instrumental, y esa parte es justamente la que cautivó a MARCELO PEREA, tal como él lo relata: “Hay un estándar de jazz llamado ‘Ought to Live’, que es lo que toca todo el mundo cuando se junta –dice Perea– y ‘La humilde’ para mí es como ese estándar: tan simple, tan sencillo en sus elementos y a la vez poderosísimo. Dino Saluzzi grabó una versión muy buena. Aunque la letra de Valles estaba muy bien, captaba la esencia del tema, esa cualidad por la que cuando yo la toco me presento como santiagueño.” 

Aquí les dejo tres versiones (dos en directo) de esta chacarera. La primera, la de Don Ata en el programa Argentinísima. Después la de LosCarabajal acompañados por Marcelo Perea y por último una que no es en directo (la excepción confirma la regla) pero que servirá para conocer la hermosa letra que le puso el gran maestro Oscar Valles y que es cantada por Hernán Figueroa Reyes.


Atahualpa Yupanqui






Los Carabajal con Marcelo Perea






Hernán Figueroa Reyes

miércoles, 28 de diciembre de 2016

ATAHUALPA YUPANQUI - SIN CABALLO Y EN MONTIEL

SIN CABALLO Y EN MONTIEL, aunque figura como milonga es en realidad una chamarrita, algo fácil de determinar si se escuchan con atención los primeros compases de introducción que hace ATAHUALPA YUPANQUI con su guitarra. Cabe aclarar también que la chamarrita está emparentada con la milonga, aunque tiene un rasguido característico que la identifica. Por otra parte es bastante lógico que utilice ese ritmo, típico de la provincia de Entre Ríos, para un tema que habla de gente y lugares de esa zona. 

Registrada en SADAIC el 8 de enero de 1965, la letra de "Sin caballo y en Montiel" está basada en hechos verdaderos. En enero de 1932 Atahualpa Yupanqui participó en la fallida intentona revolucionaria de los hermanos Kennedy, en La Paz, lo que lo obligó a refugiarse en Uruguay, primero en Montevideo, y luego en otras localidades camino al sur de Brasil. Durante la huída debieron dejar los caballos para que los perseguidores no pudieran seguirles el rastro, y tuvieron que andar a pie por la selva de Montiel. 

En su libro El canto del viento, Atahualpa Yupanqui habla de su llegada a Rosario del Tala, localidad entrerriana donde permaneció cerca de un año, y aunque no habla de la revolución nombra lugares y personas que menciona en "Sin caballo y en Montiel". Sin embargo en la letra se refiere al río Uruguay como a un "ancho camino de fuga", en clara referencia a su huída. 

En esta versión de don Ata, acompañado del gran cantante chileno Lucho Gatica, los acordes del audio están en la tonalidad de Re sostenido mayor, de modo que se han traspuesto estos acordes a la tonalidad de Re mayor, pues son muy conocidos y solamente se baja un semitono la melodía. En realidad se puede trasponer a cualquier tonalidad mayor cuyos acordes sean conocidos y cómodos para cantar. El acompañamiento es muy sencillo ya que se usan dos acordes para guitarra, aunque puede resultar más complicado el trabajo de rasgueo, que se mezcla con un punteado. 

 Fuente: JUAN CARLOS ZAMATEO


ATAHUALPA YUPANQUI - EL ALAZÁN

El proceso de composición de un tema es siempre algo muy complejo. Dejemos que sea el propio ATAHUALPA YUPANQUI quien nos explique su proceso creativo: 

"No sé, así pensando de golpe, cómo nace una canción. Generalmente hago los versos primero y después le pongo música o no le pongo música nunca, lo dejo como versito. Varía mucho: a veces hago una copla y a los dos meses está formada como "El alazán", por ejemplo, en un par de meses estaba hecha la letra y la música y el espíritu de la interpretación, la velocidad, el tiempo (que no es el musical, es el otro); el saber esperar: hacer la introducción larga, sufrir un poco -masoquista si quiere- antes de empezar a decir algo". 

Creo que las palabras de Yupanqui explican muy bien el proceso de elaboración de este tema compuesto en 1954 y que, en su primera versión, no tenía el emotivo recitado inicial que ahora incluimos en esta recopilación, para cumplir a la voluntad del propio autor. 

Don Ata (Héctor Roberto Chavero Aramburu) nació el 31 de enero de 1908 en El Campo de la Cruz, al norte de la provincia de Buenos Aires, de madre vasca y padre criollo. "Me galopaban en la sangre trescientos años de América, desde que don Diego Abad Chavero llegó para abatir quebrachos y algarrobos y hacer puertas y columnas para iglesias y capillas", comentaba en "El Canto del Viento". 

Esta versión de EL ALAZÁN fue grabada en 1980 para el programa de TVE "Retrato en Vivo: El Hombre del Camino".


martes, 13 de diciembre de 2016

214.- ATAHUALPA YUPANQUI - CAMINO DEL INDIO

El cantautor argentino Héctor Roberto Chavero (1908-1992) decía siempre que su estirpe era mitad vasca y mitad india. Y quizás su herencia donostiarra le llevó a ser -como nos cuenta- un buen lector de Unamuno; pero su cuerpo era indio. Mariano del Mazo ha dicho de él que su rostro era como un mapa de la América indígena. Y Chavero adoptó el nombre de ATAHUALPA YUPANQUI para decantarse con claridad por su herencia quechua. Atahualpa era el nombre del ultimo Inca, que pertenecía al linaje del Inca Pachacútec o Tupac Yupanqui y fue ejecutado por orden del conquistador español Francisco Pizarro. 

Chavero Yupanqui, cuando tenía apenas 19 años de edad, compuso su canción "CAMINO DEL INDIO". El tema en su origen no tuvo la entidad de himno de la indianidad que luego el pueblo le otorgó. Simplemente fue una canción inspirada en un sendero que llevaba, ascendiendo la ladera del cerro tucumano de San Javier, hasta la huerta de naranjas y al rancho de un anciano indio amigo de aquellos niños. Pero la gente, con esa proverbial capacidad y autoridad para otorgar valores determinados a la obra de otros hombres, la consagró como una alta alabanza a los senderos que recorrió a pie el indio de esta América nuestra. Esta canción andina tiene ya la riqueza de imágenes que caracterizará toda la obra de su autor. Y, ¡qué magnífica definición de un sendero del altiplano, cuando lo llama "caminito que junta el valle con las estrellas"! 

El tema fue grabado por su autor muchos años después en 1947 y una vez un grupo folklórico famoso se atrevió a cantar una versión modernizada del tema. Al preguntarle a Atahualpa que opinaba, el viejo maestro fue muy claro: "Me gusta la versión; pero el camino me lo asfaltaron". Así que para no enojar al viejo maestro publicamos este vídeo del tema comentado e interpretado por él, al que he añadido la versión íntegra sonora de una de sus primeras grabaciones del famoso tema. 

 Mi agradecimiento a Pancho Vertigen.



domingo, 11 de diciembre de 2016

169.- LUCHO GATICA - LUNA TUCUMANA

Esta zamba forma parte del repertorio de casi todos los cantantes de música folkórica y es un tema que emociona siempre, tanto al que lo lee como al que lo escucha y más si es interpretada por uno de los cantantes más emblemáticos de todos los de habla hispana como lo es el chileno LUCHO GATICA y además, en este caso, acompañado en la guitarra por el propio autor de esta “LUNA TUCUMANA”, el maestro Atahualpa Yupanqui. 

En las solitarias noches del caminante, sólo la luna nos hace compañía, en ese viaje nocturno que emprendemos al amparo de su luz. Y por más que uno se aleje en su caminar, siempre la encuentra fielmente a su hora, ahuyentando las tinieblas y haciéndonos compañía. El hombre urbano, que habita entre moles de cemento, difícilmente puede cantarle a la luna, pues lo tiene muy difícil para verla entre tanta luz artificial y hasta los jóvenes se enamoran a la luz del neón, en nuestros días. 

Yupanqui -que más tarde criticaría a los poetas "alunados" con esos versos terribles: "de tanto mirar la luna/ ya nada sabes mirar; eres como un pobre ciego/ que no sabe a dónde va" (El poeta) -nos cantaba a la luna en 1957, sí, pero haciendo una observación muy concreta: "yo no le canto a la luna/ porque alumbra y nada más; le canto porque ella sabe/de mi largo caminar".



viernes, 2 de diciembre de 2016

10.- ATAHUALPA YUPANQUI - LOS EJES DE MI CARRETA

En homenaje al cantautor de Pergamino les quiero dejar esta reliquia con su interpretación de una de sus más importantes composiciones: la milonga "Los ejes de mi carreta".
Nos decía "Don Ata":
"Yo tenía un amigo a quien recuerdo "muy siempre", como decimos en el campo, un amigo que murió hace treinta años o algo parecido, el autor de "Los ejes de mi carreta", Don Romildo Risso. Don Romildo me decía: "hay dos clases de viejos -él era un hombre de canas y yo un mocoso de veinticinco años- dos clases de viejos, me decía Don Romildo Risso: aquel que pasó la vida acumulando experiencia y aquel otro que se pasó la vida amontonando zonceras y se cree que es experiencia."
Fue Yupanqui quien puso música y voz a este filósofo del pueblo, al que no le molestaba que le criticasen por el ruido que hacía con su carromato y que decía como un nuevo Sócrates criollo: "No necesito silencio/ yo no tengo en qué pensar/ Tenía, pero hace tiempo/ ahora ya no pienso más". No hay duda que el bueno de Chavero sabía elegir bien a sus amigos.


009.- ATAHUALPA YUPANQUI - EL POETA

ATAHUALPA YUPANQUI comentaba una vez:
"Dicen que lo que yo hago es poesía; vaya a saber: lo que procuro es incorporar mi voz a las viejas voces populares, en lo posible, imitándolas porque me encanta esa forma de decir del argentino que fue mi abuelo y el abuelo de mucha gente; esa levadura de pueblo de poquito antes de aparecer el siglo; eso procuro decirlo a mi manera."
Pero, quien en su vida había desempeñando tan diversos oficios como hachero, arriero, cargador de carbón, entregador de telegramas, oficial de escribanía, corrector de pruebas, periodista y músico, entendía la poesía como algo más noble que un simple ejercicio literario. Y mal que les pese a alguno, su poesía era una expresión de sus más hondas creencias y no un mero entretenimiento literario.
Resulta obligado acordarse de un muy bello poema del peruano César Vallejo: "Un albañil cae del techo, muere y ya no almuerza/ ¿innovar luego el tropo, la metáfora?". El maestro de Cerro Colorado nos lo dirá a su manera en esta canción, EL POETA:
"Vive junto con el pueblo/no lo mires desde afuera/que lo primero es ser hombre/ y lo segundo, poeta".