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sábado, 28 de enero de 2017

LOS DEL SUQUIA / PABLO LOZANO - A JARDIN FLORIDO (CABALLERO DE LEY)

Jardín Florido fue un piropeador respetuoso, excéntrico y –sin dudas- el más famoso que pisara alguna vez la ciudad argentina de Córdoba. 

Fue dueño de frases bellas e inocentes -pero a la vez ingeniosas-, que engalanaron las calles de aquella tranquila Córdoba. Su nombre verdadero era Fernando Albiero Bertapelle y había nacido según algunos en Santa Fé, y según otros en Bassano de Grappa, Italia. Tampoco parecería no haber certeza sobre el año de su nacimiento que suele ubicarse en 1875. 

Cuando Bertapelle se radica en la ciudad de Córdoba, rápidamente comienza a trabajar en diversos rubros llegando a ser mozo de las confiterías más elegantes del centro de la ciudad, en donde se destacaba siempre por sus “abarrocados” modales. Era un entusiasta hincha de Instituto. Hacia mediados de los años ’30 conoce al abogado y político conservador Aguirre Cámara, con quien traba amistad y consigue un puesto de camarero en uno de los puntos de reunión más exclusivos a los que acudía la aristocracia local: el Jockey Club. 

Pero había un detalle que empezó a llamar la atención, era que cuando Bertapelle terminaba su trabajo y emprendía el regreso por la céntrica calle 9 de julio, lo hacía vistiendo frac, guantes, galera, un bastón rematado con una bola de billar de marfil a modo de empuñadura y un llamativo ramillete de flores que prendía de sus solapas. También se lo vio lucir trajes de impecable blanco, con flor y zapatos al tono o sombreros de safari o botas de explorador. Sus recorridos por las arterias del centro cordobés son los que le comenzaron a dar fama ya que cada vez que se cruzaba con una mujer, Bertapelle, mientras se quitaba su galera, no perdía ocasión de propinarle elegantes, exuberantes e ingeniosos piropos. Esta costumbre, el caballero, la repetía inexorablemente cualquiera fuese la edad o aspecto de la dama en cuestión. 


“Nada mejor puede suceder en esta esquina: la lluvia y usted” 

le susurraba a la niña en 9 de Julio y Rivera Indarte. También podía escucharse en la esquina de San Martín y 25 de Mayo: 


"En el mar de las veredas con ojos como los suyos, ¿quién podría salvarme?" 
o 
“ Adiós rueda de auxilio para un corazón en llanta”. 

También dicen que con motivo de la llegada del voto femenino, en 1952, no se perdió de decir a una mujer que pasaba por allí ocasionalmente: 


 "Adiós, hermosa legisladora del mañana…". 

La respuesta en todos los casos era una sonrisa de la dama galanteada. Luego de algún tiempo, y después de varios cambios de actividades, Jardín Florido comenzó a trabajar en la inmobiliaria Villalón, sita en la calle 25 de Mayo al 200, y próxima al Hotel Victoria. Allí hace muy buenos negocios, cuyos beneficios le permiten cumplir su sueño de adquirir un automóvil Packard similar al que usara el cantor Carlos Gardel. A éste coche es que le agrega sendos floreros en los costados, a los que nunca dejaba de mantener en forma. 

Lamentablemente, hacia mediados de los ‘50 protagoniza un accidente producto de su particular afición, ya que mientras pasaba con su Packard por la esquina de Urquiza y Jerónimo Luis de Cabrera, quiso saludar quitándose la galera y arrojándole una flor a una mujer que acertó a pasar por allí, motivo por el cual quitó las manos del volante, ocasionando que el vehículo perdiese el control y lastimara a tres jóvenes. De esta forma perdió el automóvil y su pequeña fortuna para poder cubrir las indemnizaciones correspondientes. 

Luego de esto siempre se movilizó en tranvía, a los que solía ascender en plena carrera, costumbre que conservó hasta sus últimos años. Aseguran que no mucho antes de morir deslizó: 


“Pasarán los días y no me encontrarán, nada más…”. 

Finalmente, abandonó para siempre su querida Córdoba una fría mañana de julio de 1963 cuando tendría 88 años. 

Posteriormente, el famoso conjunto folclórico cordobés “LOS DEL SUQUIA” inmortalizarían el vals criollo “A JARDIN FLORIDO”, obra de Raúl Montachinique, y que lo pinta en su más galante expresión. 

Actualmente tres sitios recuerdan al entrañable personaje en la ciudad de Córdoba: Una placa de cerámica en la calle San Martín, otra en Antonio del Viso 738 (donde vivió junto con su compañera, Eduvije Guevara), y una mayólica en “su” esquina de 9 de Julio y Rivera Indarte, obra de Nélida Varaldi con versos de Noemí Pedernera.

Veamos a Los del Suquía en dos versiones, una del programa Folkorísimo, con el grupo al completo y la otra en Argentinísima en 2010, ya sin su líder Ramón "Cacho" Iriarte, fallecido en 2004 y sustituido por su sobrino, Diego, hijo del también fallecido miembro del grupo, Hugo Iriarte, interpretando este precioso vals y veamos también el enternecedor homenaje que le brindó PABLO LOZANO en el Festival de Cosquín de 2008.



Los del Suquía (Folklorísimo 1997)





Los del Suquía (Argentinísima 2010)





Pablo Lozano (Cosquín 2008)

martes, 27 de diciembre de 2016

VARIOS - VIDALA DE LA COPLA

Sobre este tema no hay ninguna duda de que su autor sea el gran maestro del folklore, conocido como Chango Rodríguez. La vidala o vidalita se distingue, dentro de la canción popular, por su carácter melancólico y nostálgico. Si un carnavalito como "El avenido" o una zamba como "El fiero Arias" -ambas obras del Cuchi Leguizamón- nos reflejan el jolgorio y la agitación de los momentos del Carnaval, nada mejor que una vidala para expresar el desánimo y la tristeza de lo que en España se llama "la resaca del día después". En otras palabras: tras la farra, viene la melancolía. Un erudito colombiano -que por cierto había nacido a pocos kilómetros de Macondo- me daba un día una lección magistral sobre los tres estados que ocasiona la embriaguez y que él catalogaba como la mona, la perra y la culequera. Lo primero era la euforia de la embriaguez. La segunda etapa es la de la irritación, que lleva a los malos tratos. El tercer estado, es este que nos refleja Rodríguez en esta VIDALA DE LA COPLA, con una de sus muy expresivas imágenes: "Junto al camino está caido/ chumadito el Carnaval". 

Aquí la vemos interpretada en el homenaje al Chango Rodríguez, al cumplirse los 100 años desde su nacimiento, por un grupo selectísimo de artistas: Orozco Barrientos, Mery Murua, El "Negro" Fontova, Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, Pablo Lozano y Roxana Carabajal.