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sábado, 31 de diciembre de 2016

GUITARREROS - ZAMBA DE LA CANDELARIA

...Nació una zamba, una tarde, de esas que se yapan con el alba, en lo de Poncho Marrupe; en la vieja casa de la finca La Candelaria, delicioso paraje del Valle de Lerma, sobre las regueras del Río de Arias, allá... entre algarrobos y talares, tuscas y sauces playeros; donde en la umbría del monte se oye el moroso canto del zorzal en contrapunto con el isócrono lamento del crespín." "Ahí, protegidos por la hospitalidad frondosa del Poncho Marrupe, nos reuníamos 'los locos', título nobiliario con que la gente convencional distinguía tradicionalmente a los Dávalos y con que excomulgó a todo ser que hubiera resuelto vivir auténticamente: desatando el indio que todos llevamos puesto; haciéndose 'la rabona' de los moldes rígidos que proponen los descubridores del agujero del mate; gozando la dolce vita, el happening, que al fin de cuentas no son más que nombres nuevos de viejas actitudes mágicas del hombre para espantar la mala suerte y promover la felicidad representándola. Hoy como ayer la juventud es loca... ¡Dios nos libre de que sea de otra manera! " "Nuestro Poncho auspiciaba guitarreadas amistosas, sostenidas hasta el último canto del gallo y más allá, si la sed de los 'quemadores' no amainaba. Salta sobrevivía los últimos esplendores de la moneda en la generosa disposición para el agasajo que tenía la gente. Todavía el oro de un 'canario' estaba respaldado por el de las minas, y si uno cometía la 'restacuerada' de sacar un billete de cien corría el riesgo de ser aplastado por la multitud. A Marrupe no le faltaban novillos gordos y voluntad para un aparte si se ofrecía carnear para hacer una güatia, y remendar los estómagos sin fondo de la poesía o la música, mientras, sábado a sábado, los amigos le ayudaran a sobrellevar el tedio de la vida y la angustia de los atardeceres en el campo, ese crimen horizontal del día." "Somos nuestro antepasado. Los antiguos, que no tomaban tan superficialmente ningún hecho por simple que pareciera, veían en el crepúsculo la partida del sol con la pavorosa sospecha de que pudiese no volver más. Los días con su fugacidad tentaban el corazón a ver en ellos una representación, un aviso de los dioses, queriéndonos alertar contra la ilusión ingenua de eternidad con que suele embriagarnos la luz del pleno día. Tal vez nosotros, en nuestras cacharpayas, estamos repitiendo inconscientemente un acto religioso, viejo como nuestra sangre. Cuando encendemos el fuego del fogón criollo, estamos encendiendo el mismo fuego en que se calentaron las manos los artífices del sílice y el hueso, o ante el que bailaron para encantar al sol los sacerdotes del incario. En una de esas cacharpayas, de esas despedidas tradicionales, nació la música de esta zamba. Sin saberlo, con ella Poncho Marrupe, Eduardo y Arturo se despedían de la edad de oro de la sangre, cuando el canto es un hacer comunitario en el que sin prevenciones inhibitorias, se unen los hombres a través de siglos de intemperie y olvido." "Yo no había concurrido aquella vez a la fiesta. Era un ser hosco, melancólico y hasta molesto por mi afán de llevarlo todo a la prueba del absoluto. Eduardo y Arturo llegaron amanecidos a mi habitación, me zamarrearon, me sacaron el colchón a tirones -yo seguía durmiendo-, ya de marido de mi colchón. Al fin me despertaron y cuando me 'salamerió' Arturo (ese gran corazón) como para que le disculpara la violencia del método, nos fuimos al fondo de la casa, al cuarto de planchar, ése que siempre huele a trapo quemado, y ahí, sobre un papel de estraza en que Hernán, mi hermano menor, había traído envueltas unas rodajas de mortadela y pan, borroneé los primeros versos de la letra de aquella canción en que también nosotros nos construíamos con los ojos mojados de llanto y cantando hasta que guitarras, voces, brindis, apretones de manos, abrazos y besos..., la embriaguez ancestral de la fraternidad, demolieran los tímpanos, el silencio, los muros del cuartucho." "La canción corrió hacia el pueblo cargada con la fuerza de lo que en ella apenas pudimos balbucir. Anduvo en boliches, peñas, despedidas y churrasqueadas visitando la reunión humana, en busca de bocas que le digan como una fórmula mágica para crear comunicación. Yo estaba en los Valles Calchaquíes, trabajando con mi amigo Juan José Coll una finquita en que pensábamos poner viñas. Un día me llega una carta de Falú: me pide que registre la canción, que le corrija la segunda estrofa porque en ella lo nombro a Marrupe y éste dice que 'le estamos haciendo fama de fiestero' en todo el país. Ante mi silencio, Eduardo Falú, que quiere grabarla, le cambia la segunda copla y le pone: La acunaron esos ríos... que murmuran al pasar, y el viento de los inviernos le dio la tristeza que la hace llorar. Disculpen, lectores amigos, sólo estoy haciendo crónica, cosas que pasaron digo, sin pretensión de hacer literatura y con la cordial intención de crearles un clima para oírlo a Eduardo decir la Zamba de La Candelaria". (Jaime Dávalos, Cancionero, 1980.) Nota: Si bien Jaime Dávalos no recita la copla original en la que nombra a Marrupe, existe una grabación de Los Chalchaleros en la que cantan la letra original. Resulta evidente que Jaime Dávalos no quiso cambiar la copla original, sin embargo el hecho de que en todos los cancioneros figure la versión con la copla cambiada hace pensar que finalmente se registró de esta manera, y probablemente lo hizo Falú como co-autor. También debe tenerse en cuenta que Los Chalchaleros eran asiduos concurrentes a esas reuniones y probablemente allí aprendieron la letra original, de modo que al grabarla la cantaron como la sabían. Además era usual que las letras se aprendieran "de oído", y es conocido el cambio hecho por Los Chalchaleros a la zamba Angélica ("tu pelo" en vez de "tu velo"), que habían copiado de una versión de Los Quilla Huasi, o en A qué volver, tomada de una versión de Falú, donde cambian "para que duela tu ausencia" por "para que muera tu ausencia". Entonces para quienes no hayan escuchado la versión original de la Zamba de La Candelaria, aquí va la segunda copla. En lo de Poncho Marrupe... déle tomar y obligar, se nos va alegrando el vino cantando esta zamba, La Candelaria. De la estancia salteña llamada "La Candelaria" salieron grandes músicos como el propio Falú o Juan Carlos Moreno, la voz grave de Los Fronterizos. Y de ella nos habla el poeta Jaime Dávalos con unos hermosos versos en los que, una vez más, el cosmos toma forma humana y el cuerpo de la mujer amada se integra en el universo. Es ésta una zamba del atardecer, que es ese momento cuaresmal del día, en el que al morir el sol cual si fuera un ser humano, el universo parece más cercano que nunca del hombre. Por eso, cuando la noche madura y acepta la muerte del sol, se ha de alegrar el camino, sabedor de que amanecerá un nuevo día. Y esta zamba hay que saborearla, como un buen cognac en su copa templada, en la guitarra y en la voz de su autor, ese árabe acriollado que se llama Eduardo Falú, que vio la luz un día de 1923 en la localidad salteña de El Galpón y al que Dios y el folklore guarden por muchos años. Por cierto, LOS CHALCHAS en sus grabaciones de esta zamba allá por los años 60, cambiaron totalmente la segunda estrofa por otra que no venía nada a cuento y que más que de Jaime, parece obra de su primo, Dicky Dávalos.

Pero en esta ocasión no son ni Eduardo Falú ni Los Chalchaleros los que nos interpretan esta bellísima ZAMBA DE LA CANDELARIA. Si lo van a hacer GUITARREROS, grupo salteño destacado en Cosquín y en importantes escenarios, en una grabación cuando estuvieron en "Muchos paisajes, miles de Km", programa hecho por Salta, para Salta y para todos los salteños .


sábado, 24 de diciembre de 2016

JULIA ELENA DAVALOS - LA NOCHERA Y ZAMBA DE LA CANDELARIA

“Esto que voy a decir es lo más cercano a la realidad, nos cuenta JULIA ELENA DAVALOS. No sabría decir en que año, yo era chiquita, tendría 6 años y vivía en los Valles Calchaquíes. Pero lo más sabroso es que mi Tata estaba viviendo en el valle porque quería plantar viñas con su amigo Juan José Coll, poeta y hombre de vinos. En esa zona desolada, más allá de Animaná, en el Dto. de San Carlos partido de El Barrial, el lugar se llama Monte Pozo, trabajaba en sociedad con este amigo. Es toda una zona salitrosa, y los salitrales por ahí, cada tanto están sombreados por churquis o algarrobos con jumes y cachiyuyos -otra planta que hay en el lugar-. Yo era una chiquitita, lo único que oía, era que estaban cantando, tocando la guitarra. Allí armó una carpa -Castilla le ayudo a armarla-, la carpa era de mi tío Ramiro, que como era pintor, iba en carpa a trabajar al campo con sus pinceles. Esa carpa después nos sirvió de vivienda hasta que hicimos la casita de verdad. Ahí es donde lo venían a visitar desde Salta: Manuel Castilla, y el que era bien seguidor era “Cabecita”, que junto con Eduardo Falú fueron a los que yo más vi allí. Decía mi Tata que cada vez que los amigos se iban de vuelta a Salta quedaban tristes, porque indudablemente, en esas soledades el amigo era mucho más amigo. Ernesto le trajo una música a la que le había querido poner letra un cuñado de él -Pelayo Páterson-, pero resultó ser que esa letra no le gustaba a Cabecita, entonces mi Tata decía, que él le iba a intentar pisar con su gallo a la gallinita, a ver si la zamba le salía mejor. Junto a mis hermanos dormíamos acunados por los murmullos del canto y la charla de éstos amadores de la vida y de la noche... A la mañana siguiente andaba yo, meta canturrear “quisiera volver a verte” ...sin saber que iba a ser cantora y que LA NOCHERA, formaría parte esencial en mi repertorio”. 

Como cuenta Julia Elena, Eduardo Falú era uno de los asiduos en visitar a Jaime Dávalos a Monte Pozo y claro, de ese entrevero salieron las mejores letras unidas a las mejores composiciones musicales y una mirada nueva sobre el folklore. 

Cuenta Félix Luna en la revista Folklore: "En Julia Elena Dávalos se da esta tercera generación de un linaje que se llama talento. Ella empezó con toda la desventaja de llamarse como se llama. Inevitable la comparación. Insoslayable una confrontación que viene sola, ante la mención de su nombre. Pero Julia Elena Dávalos quería ser ella misma; no quería quedarse en nieta de don Juanca o en hija de Jaime. Y empezó a cantar, primero con el conjunto de Los Hermanos Ábalos, luego como solista. 

Si Cosquín '66 le dio sus primeros cálidos aplausos como integrante del veterano conjunto santiagueño, Cosquín '67 la aclamó como solista. Gustaba su voz dulce, sus efectos de quena jugándole en la amplitud de su registro; gustaba su aspecto modesto y sencillo, su imagen modosa y tierna de niñita. Julia Elena Dávalos entró al folklore por la puerta grande, sin necesidad de ayudas ni recurrencias a parentelas. Entró porque servía. Y lo que hace cada vez más. La notamos más segura, más aplomada. Su voz está más llena y rica. Su presencia en escena, tiene ahora una personalidad más firme que antes. Esta es la tercera generación de los Dávalos. El tercer fruto de un árbol que empezó en Salta con ese varón de ancho sombrero y abundante corazón que enseñó a sus paisanos a mirar mejor el monte y la estrella, el chalchalero y el toro, el viento blanco y el carnaval. 

Julia Elena es toda ternura, y es nuestra... Posee la dulzura de la paloma, la sencilla belleza de la mujer criolla. Trae consigo la heredad para beberla con ustedes,como se bebe un vino de su tierra y, de yapa... La Nochera, La Candelaria, salen de su garganta como un beso de miel. Cantando esas letras que son de su tata, pero que también fueron su canción de cuna. Ya que Ernesto Cabeza será el amigo de su padre, de su casa en el valle, donde vive un tiempo componiendo junto a aquél y Eduardo Falú es el autor de ZAMBA DE LA CANDELARIA, primera composición que realizaron juntos Jaime Dávalos y él.



viernes, 2 de diciembre de 2016

32.- EDUARDO FALU - ZAMBA DE LA CANDELARIA

Eduardo Falú interpreta la Zamba de la Candelaria (Falú - Dávalos) para el documental Argentinísima II de Fernando Ayala y Héctor Olivera, filmado en 1973.
Se ven imágenes de "La Candelaria" y "Cachi" en la provincia de Salta, República Argentina.
De la estancia salteña llamada "La Candelaria" salieron grandes músicos como el propio Falú o Juan Carlos Moreno, la voz grave de Los Fronterizos. Y de ella nos habla el poeta Jaime Dávalos con unos hermosos versos en los que, una vez más, el cosmos toma forma humana y el cuerpo de la mujer amada se integra en el universo. Es ésta una zamba del atardecer, que es ese momento cuaresmal del día, en el que al morir el sol cual si fuera un ser humano, el universo parece más cercano que nunca del hombre. Por eso, cuando la noche madura y acepta la muerte del sol, se ha de alegrar el camino, sabedor de que amanecerá un nuevo día. Y esta zamba hay que saborearla, como un buen cognac en su copa templada, en la guitarra y en la voz de su autor, ese árabe acriollado que se llama Eduardo Falú, que vio la luz un día de 1923 en la localidad salteña de El Galpón y al que Dios lo llevó consigo desde Córdoba otro día de agosto de 2013.