Porque antes de ser cantor y guitarrero “de tiempo completo”, Argentino Luna, había tenido otros oficios. Fue albañil, pintor, carpintero, “mozo de a ratos”, vendedor callejero. Y ayudante del primer fotógrafo que tuvo Gesell, Enner Shafer, contaba. No hubo academias de música para él. “Apenas si con mucho esfuerzo pude hacer hasta sexto grado –contaba también–. Pero siempre me llamó la atención la palabra, la escrita, la dicha y la no dicha, los gestos de la gente. Mi necesidad de aprender me llevó a leer mucho. Primero José Hernández con el Martín Fierro. Después Yupanqui, con toda su poesía. Y Unamuno, Borges. Tuve grandes amigos poetas, como Hamlet Lima Quintana. Cuando fui a su velorio, muchos de sus compañeros de militancia se sorprendieron. No entendían que Hamlet y yo somos militantes de la vida y la vida no tiene etiquetamientos.”
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domingo, 15 de enero de 2017
ARGENTINO LUNA - ZAMBA PARA DECIR ADIOS
Cuando Hernán Figueroa Reyes escuchó la “ZAMBA PARA DECIR ADIOS”, casi recién compuesta, la grabó inmediatamente, en 1968. Y también hizo las gestiones para que, una semana después, su autor, ARGENTINO LUNA, la grabara en Odeón, en un disco simple que del otro lado incluía “Una milonga no es pa’ venta”. Comenzaría así, el de Madariaga, una extensa obra como cantautor, que tuvo la virtud de saber nutrirse en gran medida del refranero criollo y de los saberes populares del hombre del campo.
Porque antes de ser cantor y guitarrero “de tiempo completo”, Argentino Luna, había tenido otros oficios. Fue albañil, pintor, carpintero, “mozo de a ratos”, vendedor callejero. Y ayudante del primer fotógrafo que tuvo Gesell, Enner Shafer, contaba. No hubo academias de música para él. “Apenas si con mucho esfuerzo pude hacer hasta sexto grado –contaba también–. Pero siempre me llamó la atención la palabra, la escrita, la dicha y la no dicha, los gestos de la gente. Mi necesidad de aprender me llevó a leer mucho. Primero José Hernández con el Martín Fierro. Después Yupanqui, con toda su poesía. Y Unamuno, Borges. Tuve grandes amigos poetas, como Hamlet Lima Quintana. Cuando fui a su velorio, muchos de sus compañeros de militancia se sorprendieron. No entendían que Hamlet y yo somos militantes de la vida y la vida no tiene etiquetamientos.”
Porque antes de ser cantor y guitarrero “de tiempo completo”, Argentino Luna, había tenido otros oficios. Fue albañil, pintor, carpintero, “mozo de a ratos”, vendedor callejero. Y ayudante del primer fotógrafo que tuvo Gesell, Enner Shafer, contaba. No hubo academias de música para él. “Apenas si con mucho esfuerzo pude hacer hasta sexto grado –contaba también–. Pero siempre me llamó la atención la palabra, la escrita, la dicha y la no dicha, los gestos de la gente. Mi necesidad de aprender me llevó a leer mucho. Primero José Hernández con el Martín Fierro. Después Yupanqui, con toda su poesía. Y Unamuno, Borges. Tuve grandes amigos poetas, como Hamlet Lima Quintana. Cuando fui a su velorio, muchos de sus compañeros de militancia se sorprendieron. No entendían que Hamlet y yo somos militantes de la vida y la vida no tiene etiquetamientos.”
lunes, 26 de diciembre de 2016
LOS CHALCHALEROS - ZAMBA PARA DECIR ADIOS
Rodolfo Giménez (Argentino Luna) nació en General Madariaga, provincia de Buenos Aires, el 21 de junio de 1941. En 1968 adoptó el nombre artístico con el que se identificaría para siempre, cuando registró una obra por primera vez, su “ZAMBA PARA DECIR ADIOS”. Fue Hernán Figueroa Reyes, por entonces cantante de éxito y productor del sello Odeón, el que “descubrió” al joven Giménez cuando probaba suerte en la peña El Palo Borracho de Buenos Aires, adonde llegaba todos los fines de semana, “con mucha bronca de mi mujer, que no entendía que yo buscaba a las canciones y las canciones me buscaban a mí”, recordaba él aquella época de su vida, que completaba como albañil de lunes a jueves.
Cuando Hernán Figueroa Reyes escuchó la zamba casi recién compuesta, la grabó inmediatamente, en 1968. Y también hizo las gestiones para que, una semana después, el mismo Luna la grabara en Odeón, en un disco simple que del otro lado incluía “Una milonga no es pa’ venta”. Comenzaría así una extensa obra como autor, que tuvo la virtud de saber nutrirse en gran medida del refranero criollo y de los saberes populares del hombre del campo.
Pasado el tiempo, "Zamba para decir adios" pasaría a formar parte también del exquisito repertorio de LOS CHALCHALEROS, que la grabaron en uno de sus últimos discos "Adentro", en 1995 y que aquí les dejo cuando la interpretaron una año después para CMTV.
Gracias al canal CMTV.com.ar
Cuando Hernán Figueroa Reyes escuchó la zamba casi recién compuesta, la grabó inmediatamente, en 1968. Y también hizo las gestiones para que, una semana después, el mismo Luna la grabara en Odeón, en un disco simple que del otro lado incluía “Una milonga no es pa’ venta”. Comenzaría así una extensa obra como autor, que tuvo la virtud de saber nutrirse en gran medida del refranero criollo y de los saberes populares del hombre del campo.
Pasado el tiempo, "Zamba para decir adios" pasaría a formar parte también del exquisito repertorio de LOS CHALCHALEROS, que la grabaron en uno de sus últimos discos "Adentro", en 1995 y que aquí les dejo cuando la interpretaron una año después para CMTV.
Gracias al canal CMTV.com.ar
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